miércoles, 28 de junio de 2017

Solsticio o Noche de San Juan en la Plaza del Diamantista, Toledo

Un año más nos acercamos a Toledo para celebrar la hoguera de San Juan y la llegada del verano, aunque hacía tres años que no acudíamos este día, en concreto, a la antigua capital carpetana, así que ya teníamos ganas de volver por estas fechas. Y teníamos ganas, porque la Plaza del Diamantista, junto al margen derecho del río Tajo, es uno de los lugares más especiales que he conocido para vivir una noche como ésta. Se encuentra en el único barrio toledano que toca la orilla del mítico río ibérico de más largo recorrido, el conocido como Barrio de la Cornisa; un barrio, que más que perteneciente a una ciudad, aunque sea pequeña, para lo que se considera grande o pequeño en los tiempos actuales, que no en siglos pasados, parece un pueblo en sí mismo, un pueblo ribereño, que se mira en las aguas del río de las auríferas arenas, como lo calificaba Estrabón, lo que le otorga un especial encanto.
Una vez más fue el grupo de teatro El Bolo Feroz quien se encargó de ritualizar el fuego, los saltos y las danzas que sobre él y alrededor de él se realizaron. Según se cuenta, la tradición que ha vuelto a resurgir en la ciudad de Toledo de hacer una hoguera en esta plaza, algo que se viene haciendo de manera muy reciente, tanto es así que no va más allá de unos cuantos años, ha recuperado el antiguo lugar en el que se dice ya se celebraba en siglos pasados esta celebración alrededor del Solsticio y la llegada del verano, festejo cristianizado o santificado en torno a la figura de San Juan el Bautista.
No es para menos, pues el lugar, encajonado entre los acantilados del famoso meandro del río que abraza a Toledo y con el Cerro del Bu, la Peña del Rey Moro y la Ermita de la Virgen del Valle como testigos, muestra una mística acústica, tal y como si de un templo natural se tratara, cuando el "chamán" o el "druida" del ritual realiza el famoso conjuro de la queimada y su voz retumba por los peñascos.
Si en próximos solsticios estivales, andáis cerca de esta bella y mágica ciudad castellana, no dudéis en dejar todo lo malo atrás, saltando sobre su hoguera.

Alrededor de la hoguera de San Juan - Foto: Iberia Mágica, 23/06/2017





martes, 27 de junio de 2017

El Cerro de La Encantada, Santa Cruz de la Zarza

Volvemos a un pueblo, de la comarca de Mesa de Ocaña, que visitamos en dos ocasiones anteriores en este blog, por sendos enclaves dignos de atención. Hoy lo hacemos para reseñar un tercer lugar del municipio de Santa Cruz de la Zarza, como es el Cerro de La Encantada. El topónimo que da nombre a este alto nos pone sobre la pista de la famosa Leyenda de La Encantada, la cual se repite, como ya sabemos, en muchos otros lugares. Casi siempre se la relaciona con la aparición de una princesa mora -en este caso cristiana-, que recibe una maldición, unida a la desgracia de enterarse de la pérdida de su amado, con lo que, como castigo provocado por dicha maldición, su alma queda vagando en un lugar en concreto, que en nuestro presente ejemplo es el Cerro de La Encantada, de Santa Cruz de la Zarza, y únicamente hace acto de aparición en la madrugada de San Juan, tratando de que alguien le ayude a poner fin a su maleficio, algo que muy pocos osados consiguen, en la mayoría de los casos con trágicos finales, por lo que la dama sigue encantada y atrapada a lo largo de los siglos a ese lugar, no encontrando su alma descanso.
 La tradición oral y, sobre todo, la recreación romántica tan típica del siglo XIX, han deformado o transformado estas leyendas, situándolas, en la mayoría de los casos, en tiempo de moros y cristianos, es decir, trasladándolas al Medioevo. Pero, como ya hemos comentado, reúnen elementos que nos remontan mucho más atrás en el tiempo; concretamente a tiempos de cultos paganos.

Foto aérea del Cerro de La Encantada, junto a los caminos de Cañada Blanca y Tarancón. Entre una vegetación de matorral bajo y coscoja se aprecian algunas zonas sin vegetación que parecen albergar, quizás, restos bajo su superficie.

Como primer elemento, hemos de decir que suponen una continuación a los encantos o hechizos tan propios de las celebraciones ancestrales del Solsticio de Verano, festejo que hemos pasado hace escasas fechas; en segundo lugar, se encuentran en estas encantadas, como han acreditado muchos mitólogos, antropólogos y estudiosos en general de este acervo cultural, bastantes paralelismos con divinidades paganas o precristianas, como, por ejemplo, las mouras gallegas o portuguesas, las anjanas cántabras, las xanas asturianas o la diosa Mari vasca; y en tercer lugar, en muchas ocasiones, los topónimos o microtopónimos aparecen en lugares con restos arqueológicos de la Edad Antigua, incluso prehistórica, supuesto que no sabemos si concurre en nuestro ejemplo de hoy, pero observando la foto aérea del cerro, hemos de decir que parece que contuviera restos por excavar, aunque evidentemente esto supone, a la distancia, una afirmación muy arriesgada. En este sentido, hemos decir que la maldición de esta leyenda consistía en la destrucción de un castillo existente en el cerro, donde moraba la encantada, quedando atrapada, además, tras su destrucción a este lugar. Esto, de por sí, no significa nada, pues no hay prueba de restos de un castillo en este cerro, pero ya sabemos que a otros muchos lugares se les han otorgado nombres como castilviejo, cerro del castillo, etc, siendo enclaves en los que nunca hubo un castillo, sino restos de castros o poblamientos antiguos que las gentes, desde la Edad Media hasta el pasado siglo, consideraron como restos de algún castillo.
Eso sí, debemos de decir que, algo retirado del pueblo, en la línea de los términos municipales de Santa Cruz de la Zarza y Villamanrique de Tajo -en la orilla izquierda del valle del Tajo- existen los restos de una construcción que, según algunos autores, podría haber sido el conocido como Castillo de Alboer. A sus pies, existe una cueva conocida -¡no podía ser de otra manera!- como la Cueva de la Encantada, por lo que algunos estudiosos sitúan en este lugar la leyenda y no en el cerro que nosotros traemos, conocido como Cerro de La Encantada.


Montserrat y la diosa Venus

Casualidades de la vida, desde hacía varios días tenía intención de recoger unas líneas de la obra Gargoris y Habidis en las que se habla de la vinculación de Montserrat, la montaña sagrada por excelencia de Cataluña, con la diosa Venus, relación a la que ya hicimos referencia hace unos años, cuando comentamos la vinculación de la Capilla de Sant Miquel con Venus Pirene, según un autor llamado Octavi Piulats. Pues bien, mirando en el histórico del blog, acabo de comprobar que justo hace dos días se cumplió el lustro de aquella publicación, la única dedicada en Iberia Mágica, hasta el día de hoy, que será la segunda, a esta montaña.
El autor, en el capítulo titulado "La oscura gente", habla de "una ermita consagrada a la diosa de las brujas", en la que se está refiriendo, evidentemente, al templo consagrado a Venus, antecesor de la mencionada Capilla de Sant Miquel. También cita unas palabras del enigmático autor Juan Eduardo Cirlot sobre las pinturas rupestres existentes en la zona, que son una muestra, además, como ya dijimos, de la antigua sacralidad de esta montaña.

Amanecer en la montaña de Montserrat - Foto: David Balcells Badia


Fuente: Gargoris y Habidis. Fernando Sánchez Dragó.

¿Y Montserrat?. Allí se fabricó en el 197 una ermita consagrada a la diosa de las brujas. Allí subsiste un culto primevo y genesíaco cuyas entretelas nadie atina a destripar. Allí pueden verse dibujos prehistóricos que muestran al hombre agachado y en cuclillas, "como un ser marginal, punto de intersección del cielo y de la tierra por medio del sacrificio". Tal es para Ciriot el recóndito significado del enclave y también la etimología del topónimo que lo bautiza, pues el perfil y disposición de los homúnculos reproduce la dentadura de una sierra.

martes, 20 de junio de 2017

Posible roca ritual en Peña Mortero, Alija del Infantado

Hoy traemos una roca con una cavidad circular en su interior y un forma exterior trabajada, también circular, que según Juan Carlos Campos, el conocido investigador de cazoletas y petroglifos de la comarca de La Maragatería, podría ser una roca en la que se pudieron haber celebrado rituales o cultos, al modo de un pequeño altar. Siempre se pensó que esta piedra se utilizó como pila de moler bellotas, cereales, etc, de ahí que se le llamara Peña Mortero, nombre que se hizo extensivo, finalmente, al cerro que corona, pero, como decimos, Juan Carlos Campos abre una nueva e interesante hipótesis.
No hemos dicho que Peña Mortero se encuentra en el término municipal de Alija del Infantado, población de la comarca leonesa de Tierra de La Bañeza.

Peña Mortero - Foto: tierradeamacos.blogspot.com

Fuente: Juan Carlos Campos - tierradeamacos.blogspot.com

La zona interior es una cavidad circular de la que sale un canal hacia la parte exterior. El fondo es plano, impropio de de un mortero al uso. Creo que si esta cavidad hubiera sido utilizada para machacar algo (bellotas, cereales etc) el fondo hubiera adquirido una forma más cóncava. Además, el exterior ha sido trabajado para conseguir una forma circular, y se han eliminado las aristas de manera que el aspecto además de circular es esférico. Demasiado trabajo para un simple mortero.
A su lado aparece una roca de parecido tamaño, sin trabajar a excepción de un par de surcos que la atraviesan longitudinalmente.
El entorno no parece propio de un poblado prehistórico, en lo alto del cerro y alejado del agua. Tampoco encaja un asentamiento posterior de la Edad del Hierro, ya que si bien los pueblos prerromanos construían sus castros y fortalezas en este tipo de entornos, no se observan por ningún lado los restos típicos (fosos , murallas, cerámica, toponimia etc.). Los únicos vestigios producidos por la mano del hombre son algunas obras de cantería, la instalación del vértice geodésico cercano y la plantación del propio pinar.
Así pues, si descartamos por el momento un uso doméstico asociado a un asentamiento, cobra importancia la opción de un espacio ritual prehistórico. Un pequeño altar donde depositar ofrendas, situado en lo alto del cerro, discreto y alejado de la zona de poblamiento cercana al río.


lunes, 19 de junio de 2017

Leyendas, mitos y sacralidad de la montaña: Sistema Central

Leyendo el magnífico libro de viaje La Biblia en España, del inglés George Borrow, ejemplar de los varios clásicos de autores anglosajones que, en el periodo romántico decimonónico, describieron distintos aspectos de España y de la Península Ibérica en general, hemos encontrado una magnífica descripción que hizo un barbero-sangrador que se encontró George Borrow cuando iba camino de Madrid, antes de llegar a Talavera, sobre las montañas y sierras que Borrow iba viendo a su izquierda, y que llamaron ya su atención tras cruzar el Puerto de Miravete, las cuales integran el conocido por la ciencia como Sistema Central. Y digo conocido por la ciencia, pues las gentes llamaban a esas montañas por el nombre de la sierra a la que pertenecieran y nunca pensando en ellas como un todo, aunque, a pesar de ello, hemos de decir que todas juntas forman un espectacular sistema montañoso de unos 600 kilómetros que van desde la Sierra de Lousã y Sierra de la Estrella por el oeste, hasta las sierras del Alto Rey y de Pela, por el este. 
Me ha parecido interesante traer la descripción en cuestión, pues se deja constancia de la gran adoración y poder simbólico que las montañas, al igual que ocurre con los árboles totémicos o singulares, de los que dejamos más de una vez cuenta por aquí, han tenido para las gentes que forman parte de sus entornos; tanto es así que, aún en pleno siglo XIX, Borrow se pudo encontrar con un relato similar a cargo de esta persona, oriunda de dichas montañas. En él menciona la existencia de lagos encantados en los que moran monstruos, elemento muy recurrente en distintas leyendas de otros lagos y otros lugares, muy propios de la cultura indoeuropea, principalmente de influencia céltica o grandes serpientes, continuando con la recreación de seres monstruosos. 
Finalmente realiza una famosa mención al valle de las Batuecas y, de forma indirecta, a las propias Hurdes, pues en Las Hurdes están Las Batuecas, a pesar de que formen parte, administrativamente, de la provincia de Salamanca; siendo una cita, como decimos, muy famosa que contribuye a esa injusta leyenda negra alrededor de Las Hurdes, algo que venía de bastante más atrás; como poco, desde la obra de Lope de Vega, Las Batuecas del Duque de Alba. Aunque, en su descargo, hemos de decir que no es tan agresiva como otras y, quizás, únicamente recoge lo que la gente de las comarcas circundantes a Las Hurdes pensaba en siglos pretéritos sobre los moradores de dichos valles. Así, Félix Barroso Gutiérrez, contaba, en una ocasión, que, cuando era niño, paseando con su abuelo por la dehesa boyal de Santibáñez el Bajo, pueblo del que es natural, éste, cuando miraban hacia las montañas hurdanas, le contó que en aquellos valles se decía que vivía el hombre lobo. Lo que Félix, seguramente, desconocía en ese momento, debido a su corta edad, era la gran vinculación que tendría años después con esa tierra, donde pasó a ejercer durante unos años la docencia, convirtiéndose con los años, con permiso de José María Domínguez Moreno, en el más importante investigador de aquellas sierras y valles en la actualidad.

El Pico Almanzor, la montaña más alta de Gredos y de todo el Sistema Central, visto desde el valle del Tiétar - Foto: Wikipedia

Fuente: La Biblia en España - George Borrow

-¿Qué montañas son éstas? -pregunté a un barbero-sangrador que, montado como yo en una burra gris, se me unió al mediodía y que me hizo compañía durante varias leguas.

-Tienen muchos nombres, caballero -replicó el barbero-. Toman el nombre de los lugares cercanos. En parte se denominan la serranía de Plasencia, y a la altura de Madrid, montañas del Guadarrama debido a un río así llamado que baja de ellas. Siguen un largo recorrido, caballero, y separan los dos reinos, porque al otro lado está Castilla la Vieja. Son grandes montañas, y aunque den mucho frío, me gusta contemplarlas, y eso no es de extrañar puesto que nací en ellas. Pero ahora vivo por mis pecados en un pueblo de la llanura. Caballero, no hay en España sierra que la iguale. También guardan sus secretos, sus misterios; se cuentan historias extrañas de estas montañas y de lo que encierran sus profundas entrañas, porque forman una extensa cadena y se puede vagar por ellas días y días sin llegar a su fin. Muchos han sido los que se han extraviado en esos montes y jamás ha vuelto a saberse de ellos. Se cuentan cosas fantásticas. Se dice que en ciertos sitios hay abismos insondables y lagos en los que moran monstruos, enormes serpientes largas como pinos y caballos de agua que a veces salen y cometen graves tropelías. Una cosa es cierta, que allí, hacia el oeste, en el corazón de estas cimas, hay un hermoso valle, tan angosto que sólo se ve el sol en él al mediodía. Este valle permaneció ignoto durante miles de años; nadie imaginaba su existencia, pero finalmente, hace largo tiempo, unos cazadores penetraron en él por azar y, ¿qué cree usted que hallaron, caballero?. Una pequeña tribu de gente desconocida que hablaban una lengua extraña, que tal vez habían vivido allí desde la creación del mundo, sin relacionarse con el resto de sus congéneres e ignorando que existían otros seres cerca de ellos. Caballero, ¿no ha oído usted hablar nunca del valle de las Batuecas?. Se han escrito muchos libros acerca de este valle y esa gente. Caballero, me siento orgulloso de aquellas montañas, y si fuese independiente, sin mujer ni hijos, compraría una burra como la suya, que según veo es excelente y mucho mejor que la mía, y viajaría por ellas hasta lograr conocer todos sus enigmas y haber visto todo cuanto encierran de admirable.


Sistema Central

viernes, 16 de junio de 2017

Las Fallas y la fiesta babilónica de Akîtu, Valencia

Estamos a punto de finalizar la estación primaveral, pero al inicio de la misma, entre distintas festividades diseminadas por la piel de toro, como llamó Estrabón a nuestra península, se celebran las más que conocidas Fallas valencianas. Es, claramente, una fiesta de celebración a la llegada de la primavera, con el elemento simbólico del fuego como protagonista, el cual devora a una serie de monumentos falleros y ninots, que forman parte de los monumentos, la Nit de la Cremà, que es el acto que clausura esta fiesta. Pues bien, leyendo una interesante obra sobre los íberos de Rafael Ramos, hemos encontrado una curiosa vinculación realizada por este autor entre Las Fallas y una antigua festividad babilónica conocida como Akîtu.

Ninots ardiendo - Foto: elperiodico.com

Fuente: Los Íberos. Imágenes y mitos de Iberia - Rafael Ramos

En la antigua Babilonia existió un ritual, que pudo extenderse por las costas del Mediterráneo como integrante de un espíritu religioso del que Iberia participó en su época. Era el denominado festival religioso del Akîtu, que, relatado por textos mesopotámicos, se celebraba al comienzo de la primavera, con el comienzo de año agrícola, en el momento en que la naturaleza y el dios volvía a la vida, y que tenía una duración de once días durante los cuales participaban en ella todos los habitantes de la ciudad y de su territorio. Se realizaba una procesión al santuario, a la "Casa de Akîtu", al lugar de residencia temporal del dios y la diosa, donde los sacerdotes cumplían los preceptivos ritos de purificación, realizaban sacrificios y pedían por la paz. Después el rey entraba en el santuario y allí se producía la renovación de su mandato, pues era el propio dios quien le concedía la autoridad de gobernar otro año. Luego se realizaban oráculos referidos al destino del país y el día undécimo terminaba la fiesta con un matrimonio sagrado entre el rey la diosa que estaba representada por su sacerdotisa, momento éste en el que comenzaba el año. Pero, mientras se celebraba el festival y como parte de las ceremonias que anualmente se celebraban como motivo del Año Nuevo, se tallaban en madera dos imágenes que se adornaban con oro y piedras preciosas, que simbolizaban a una pareja real y divina, con sus atributos respectivos del dios y la serpiente, y que tres días después de su erección eran ritualmente quemadas. Acto que en nuestros días coincidiría con la festividad de San José y podría relacionarse con las hoy llamadas "fallas".


miércoles, 14 de junio de 2017

Torques de Sagrajas, Sagrajas-Badajoz

En Sagrajas, pedanía creada en el siglo XX bajo el nefasto Plan Badajoz, pues nefastas son siempre las intervenciones estatales en el agro, se hagan bajo la bandera que se hagan, perteneciente al municipio de Badajoz, se halló una singular pieza de oro del Bronce Final, en concreto, de principios del I milenio a. C. Estamos hablando del conocido como Torques de Sagrajas, una pieza de más de dos kilogramos compuesta por dos torques anulares, donde llama la atención su decoración mediante incisiones geométricas y unidos ambos por una incipiente técnica de soldadura.
La pieza en cuestión formó parte de un tesoro o depósito ritual y se encuentra custodiada y expuesta en el Museo Arqueológico Nacional.

Foto: man.es

Se desconoce a ciencia cierta el motivo de dichas ocultaciones, pues existe tanto la hipótesis que indica que podrían haber sido ocultaciones destinadas a evitar que personas o grupos humanos extraños pudieran apropiarse de dichas piezas y otra linea de especulación que, atendiendo a la singularidad de muchas de las piezas pertenecientes a estos tesoros, cree que podrían haber sido depósitos con fines religiosos o cultuales.
Lo cierto es que, centrándonos en nuestra pieza protagonista de hoy, su gran peso y escasa ductilidad parecen indicar el carácter ceremonial de la misma, pues no parece que fuera de uso común, lo que hace creer que podría haber sido utilizada, por ejemplo, por sacerdotisas -o mujeres con similares funciones- en algunas ceremonias muy concretas; claro está que esto, como casi siempre, no dejan de ser meras especulaciones, pero no por ello descartables, pues parecen tener bastante sentido.


 
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